La Entronización del Sagrado Corazón de Jesús

Siendo Él mismo la fuente de todas las bendiciones, las distribuiría éstas con abundancia dondequiera que se hubiera colocado la imagen de su Corazón


Glossary Link Padre Mateo Crawley SS.CC

(1875-1960)

“Definámosla brevemente: “El reconocimiento oficial y social de la Realeza amorosa del Corazón de Jesús en una familia cristiana”.

Dicho reconocimiento reviste una forma sensible, a saber: se instala definitiva y solemnemente una imagen del Corazón de Jesús en lugar de honor de la casa, ofrendándole ésta sin reservas por un acto de consagración.

Habló el Dios de infinita misericordia y dijo en Paray-le-Monial: “Que siendo Él mismo la fuente de todas las bendiciones, las distribuiría éstas con abundancia dondequiera que se hubiera colocado la imagen de su Corazón, proponiéndose el fin de amarlo y honrarlo” (Vida y obtas de Santa Margarita Glossary Link María, por Mgr. Gautey, M. 296) Y más todavía: “Reinaré a pesar de mis enemigos y de todos cuantos pretendan oponérseme”.

La Entronización es, pues, sencillamente la realización, no de esta o aquella de las peticiones hechas por el Salvador a Santa Margarita María, sino la realización completa, integral de todas ellas, provocando así el cumplimiento de las promesas espléndidas con que las enriqueció el Rey de Amor. Notad que decimos “realización integral” del conjunto de peticiones formuladas en Paray, pues el fin supremo, trascendental, no es, no debe ser el fomentar una de tantas devocioncillas, sino santificar profundamente el hogar, y santificando éste en el espíritu del Sagrado Corazón, convertirlo en el primer trono, trono vivo y social del Rey divino.

En efecto, para transformar y salvar al mundo es de toda necesidad que Navidad, más que una mera fiesta, sea una realidad palpitante y permanente, esto es, que Jesús, el Dios Emanuel,  sea de verás “un Dios con nosotros”, que habite real y efectivamente entre nosotros, sus hermanos los desterrados, mucho más débiles que malos…

No nos engañemos: para llegar un día más o menos próximo al “REINADO SOCIAL DE JESUCRISTO” , reconocido y acatado como Rey que impere con derecho soberano en plena sociedad, nos será preciso rehacer la sociedad actual desde sus cimientos, esto es, reedificarla sobre la base de Nazaret, de la familia profundamente cristiana.

Todo pueblo se revela y aquilata según el valor moral de la familia, pues un pueblo fue siempre, en santidad o en corrupción, lo que el hogar. Esta regla no ha sufrido excepción alguna jamás. Recuerdo, al efecto, lo que un gran convertido me decía: “Padre, no podrá usted nunca exagerar la trascendencia de la cruzada que predica… ya se lo he dicho: los hermanos de la logia masónica a la que pertenecí tantos años… no persiguen sino una cosa, y es descristianizar la familia, conseguido en parte o del todo este objetivo, ya se podría dejar en posesión de los católicos catedrales iglesias y capillas. Qué importan estos monumentos de piedra cuando, para pervertir la sociedad, se han adueñado del santuario del hogar… en la medida en que esta estrategia sectaria tenga éxito, la victoria del infierno será segura. Así he razonado y obrado yo mismo, padre, cuando estaba afiliado a las huestes de la masoneria.” ¡Oh!, será siempre tristemente verdadero aquello del Evangelio: los hijos de este siglo son más sagaces que los hijos de la luz” (Lc. 16, 8).

El gran mal, el mal de males de nuestra sociedad actual, es el haber perdido el sentido de lo sobrenatural, de lo divino…; pero ese mal tiene ciertamente un remedio… ¿Cuál? VOLVER POR EL CAMINO DEL EVANGELIO, VOLVER A NAZARET.

El Señor, sapientísimo, quiso fundar la redención del mundo sobre la piedra angular de la Santa Familia; en ella el Verbo, Jesús, nuestro Hermano, comenzó su obra redentora… No de otra suerte debemos salvar el mundo moderno; vaciémoslo en el molde, tan sencillo como sublime, de Nazaret.

Cuánto se ha hablado, con elocuencia de discursos y de fotografías, de las devastaciones horrendas de iglesias y templos en lo que fue el inmenso campo de batalla de la Gran Guerra… catedrales, monasterios, capillas derruidas por la metralla en el vaivén inevitable de los ejércitos que entrechocaban … ¡Cuánto más espantosa es la ruina moral de la familia cristiana! Porque el templo por excelencia, y el Sagrario, tres veces santo, es el hogar. Las basílicas y catedrales, por artísticas y venerandas que sean, no salvarán al mundo, y sí lo redimirán las familias santas, Nazaret divino.

Ello es lógico; la familia es el manantial de la vida y la primera escuela del niño. De ahí que si se envenena la fuente, perecerá la nación. Lo que pretendemos, pues, en nuestra campaña, es inocular de tal modo profundamente a Jesucristo y la savia de su Amor divino en el hogar, en las raíces mismas de la educación familiar, que el árbol sea, por ende, Jesucristo mismo en flores y frutos.

Ahora bien, la Entronización, bien comprendida, no es en resumen sino Jesús, el Rey de Nazaret, que llega al umbral de las casas en demanda de su puesto: el que de derecho divino le corresponde, el mismo que se le brindaba, en tiempo antiguo, en la villa de Betania… Puesto de honor el suyo, porque es Rey (Jo 18, 37) que en día no lejano, mediante la conquista amorosa de la familia, llegará a reinar sobre el conjunto de ellas – la sociedad; puesto de intimidad en el seno del hogar, porque quiere ser de veras el Amigo (Cant 5, 16), ya que su dulce soberanía la quiere ejercitar sobre todo por su corazón y mediante el cetro blando que fue siempre el del amor…” (…)


FUENTE:

Mateo Crawley, SS.CC. : “Jesús, Rey de Amor”. Editorial Iction. Buenos Aires. 1990. Págs: 33-36


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