La adoración al Santísimo: algo esencial, necesario, insustituible

La adoración eucarística es un modo esencial de estar con el Señor.



En una de sus parábolas el Señor habla del tesoro escondido en el campo. Quien lo encuentra —nos dice— vende todo lo que tiene para poder comprar ese campo, porque el tesoro escondido es más valioso que cualquier otra cosa. El tesoro escondido, el bien superior a cualquier otro bien, es el reino de Dios, es Jesús mismo, el Reino en persona. En la sagrada Hostia está presente él, el verdadero tesoro, siempre accesible para nosotros. Sólo adorando su presencia aprendemos a recibirlo adecuadamente, aprendemos a comulgar, aprendemos desde dentro la celebración de la Eucaristía.


En este contexto, hay unas hermosas palabras de Edith Stein, la santa copatrona de Europa. En una de sus cartas escribe: "El Señor está presente en el sagrario con su divinidad y su humanidad. No está allí por él mismo, sino por nosotros, porque su alegría es estar con los hombres. Y porque sabe que nosotros, tal como somos, necesitamos su cercanía personal. En consecuencia, cualquier persona que tenga pensamientos y sentimientos normales, se sentirá atraída y pasará tiempo con él siempre que le sea posible y todo el tiempo que le sea posible" (Gesammelte Werke VII, 136 f).


Busquemos estar con el Señor. Allí podemos hablar de todo con él. Podemos presentarle nuestras peticiones, nuestras preocupaciones, nuestros problemas, nuestras alegrías, nuestra gratitud, nuestras decepciones, nuestras necesidades y nuestras esperanzas” (Benedicto XVI, Homilía en las Vísperas, Altötting (Alemania), 11-septiembre-2006).


Hoy, gracias a Dios, se están creando muchas capillas para la adoración perpetua: muchas diócesis cuentan ya con una capilla así; también las parroquias, aunque lentamente, están dedicando más tiempo a la adoración al Santísimo, exponiendo al Señor días fijos a la semana con un buen rato de silencio o durante todo el primer viernes de mes; igualmente los Monasterios de contemplativas, que realizan un gran apostolado cantando Vísperas con el Santísimo expuesto para que sus iglesias monásticas sean un oasis de amor y adoración para todos.


Pero nos queda mucho camino por recorrer; uno de estos caminos es convencernos, asumir, integrar, que la adoración al Santísimo es ya "pastoral", que es muy beneficiosa para la vida cristiana y, por tanto, es irrenunciable y habrá que cuidarla, potenciarla, difundirla... más que otras pretendidas "acciones pastorales".


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