Apología de la Doctrina Católica

Hay 147 entradas en este glosario.
Buscar terminos del glosario (expresiones regulares son permitidas)
Empieza con Contiene Termino exacto Se parece a
Todo a b c d e f g h i j m n o p r s t u v y
Termino Definicion
adviento

Adviento es el tiempo litúrgico de preparación para la Navidad. Sus orígenes son muy inciertos. Según algunos autores, parece que el Adviento en la liturgia romana se remonta al siglo IV, aunque según nuestra opinión , esto es muy poco probable. En otros lugares, como en España, parece que estaba unido a la preparación de los catecúmenos que habían de recibir el Bautismo en la solemnidad de la Epifanía.

En el siglo V hallamos las oraciones preparatorias para la fiesta de Navidad en el Rótulus de Rávena, que, se cree estuvo inspirado en los escritos de San Pedro Crisólogo. Es dato cierto que en el siglo VI el Adviento tenía la misma estructura que la nuestra actual, con cuatro semanas antes de Navidad, aunque la cuarta es incompleta según los años. Los días del 17 al 24 se celebran con especialísima importancia; el día 17 comienzan en Vísperas, como antífonas para el Magníficat, las llamadas «antífonas mayores» o «antífonas ¡O!», pues todas comienzan por esa exclamación latina. Tendremos ocasión de exponerlo en esos días.

Tres grandes figuras destacan en el Adviento: el profeta Isaías, San Juan Bautista y la Virgen María.

El Adviento encierra un rico contenido teológico y considera el misterio de la venida del Mesías y de su infancia. Más tarde se ha añadido el Bautismo de Cristo, como conclusión del Tiempo de Navidad. Tiene también el Adviento un gran sentido escatológico. De la espera de la primera venida del Señor se va a la espera de su segunda venida al fin de los tiempos. Los textos litúrgicos hacen alusión a las dos venidas.

San Bernardo habla de un Adviento triple. Entre la venida de Cristo en la encarnación, y su venida para el juicio final, se da ahora su venida al cristiano por la inhabitación. Este adviento presente «es oculto y espiritual, y de él habla el Señor cuando dice: “si alguno me ama, guardará mi palabra, mi Padre le amará, vendremos a él y en él haremos morada” (Jn 14,23) (Sermón Adviento III,4). «Esfuércese [el hombre] al menos... levantándose algo en obsequio del Señor que viene. No tendrás que atravesar mares o penetrar las nubes... Pero dentro de ti mismo habrás de salir al encuentro del Señor con la compunción del corazón y la confesión de tu boca, para que al menos salgas del muladar de tu miserable conciencia, pues no sería digno que allí entrara el Autor de la pureza» (Sermón Adviento I,10).

Con la liturgia de Adviento la comunidad cristiana está llamada a acentuar determinadas actitudes esenciales a la expresión evangélica de la vida: la vigilante y gozosa espera, la esperanza y la conversión.

Es lamentable que la sociedad de consumo intente con sus propagandas en estos días eclipsar el verdadero espíritu litúrgico del Adviento. Que el gozo espiritual se manifieste también en cosas externas y materiales no está reñido con el sentido litúrgico de este tiempo; pero sí lo está con el desbordamiento que esto tiene en nuestros días. Ya el mismo San Bernardo se lamentaba de las celebraciones mundanas del adviento:

«Los mundanos, aunque también celebran este recuerdo [de la venida de Cristo], no se conmueven con él interiormente. Y lo que todavía es peor, el mismo recuerdo de esta inestimable dignación de Dios se vuelve para ellos ocasión de delicias carnales, pues estos días los verás preparar con toda solicitud el lujo de los vestidos y de los alimentos, como si Cristo en su nacimiento pidiera semejantes cosas... Oye lo que Él mismo te dice: “¿para qué preparas con tantas ansias vestidos para mi nacimiento? Detesto la soberbia, no la amo. ¿A qué fin viene que procures con tanto cuidado las opíparas mesas de este tiempo? No me agradan las delicias del cuerpo, no las apruebo... No me reverencias sino con tu vientre”» (Sermón Adviento I,10).

En este Adviento preparemos, pues, ante todo nuestros corazones para recibir al Señor, que quiere venir a nosotros y entrar más adentro de nuestras vidas. Limpiemos la casa de nuestra conciencia con el sacramento de la penitencia. Acrecentemos estas semanas la oración, la limosna, las buenas obras y sobre todo el deseo del Salvador, que ya viene, y que nos trae nuevas luces y gracias.

Historia del Adviento

La palabra Adviento proviene del latín "Adventus" que significa la venida. En un principio con este término se denominaba al tiempo de la preparación para la segunda venida de Cristo o parusía y no el nacimiento de Jesús como ahora lo conocemos. Haciendo referencia a este tiempo la primitiva Iglesia meditaba sobre los pasajes evangélicos que hablan del fin del mundo, el juicio final y la invitación de San Juan Bautista al arrepentimiento y la penitencia para estar preparados.

No se sabe desde cuando se comienza a celebrar. En los antiguos leccionarios de Capua y Wursemburgo hacen referencia al Adventu Domini. En los leccionarios gregoriano y gelasiano se encuentran algunas plegarias con el título de Orationes de Adventu. Más tarde comienzan a aparecer las domínicas ante Adventum Domini, en las cuales al término adventus se le asocia con la preparación a la Navidad .

A pesar de que esta temporada es muy peculiar en las Iglesias de Occidente, su impulso original probablemente vino de las Iglesias Orientales, donde era común, después del Concilio ecuménico de Efeso en 431, dedicar sermones en los domingos previos a la Navidad al tema de la Anunciación. En Ravena Italia - un canal de influencia oriental a la iglesia de Occidente - San Pedro Crisóstomo (muerto en 450) daba estos homilías o sermones.

La primera referencia que se tiene a esta temporada es cuando el obispo Perpetuo de Tours (461-490) estableció un ayuno antes de Navidad que comenzaba el 11 de Noviembre (Día de San Martín). El Concilio de Tours (567) hace mención a la temporada de Adviento. Esta costumbre, .a la cuál se le conocía como la Cuaresma de San Martín, se extendió por varias iglesias de Francia por el Concilio de Macon en 581.

El período de seis semanas fue adoptado por la Iglesia de Milán y las iglesias de España. En Roma, no hay indicios del adviento antes de la mitad del siglo VI AD, cuando fue reducida - probablemente por el Papa Gregorio Magno ( 590-604) - a cuatro semanas antes de Navidad. La larga celebración gala dejó su presencia en libros de uso litúrgico como el Misal de Sarum (Salzburgo), que era muy usado en Inglaterra , con su domingo antes de Adviento. La llegada de Cristo en su nacimiento fue cubierta por un segundo tema, que también proviene de las iglesias galas, su Segunda venida al final de los tiempos. Este entretejido de temas de los dos advientos de Cristo da a la temporada una tensión particular entre penitencia y alegría en la espera de Cristo que está por "venir".

El Adviento prepara la Navidad

El Adviento es una invitación a estar atento, vigilante, despierto a través de los cuatro domingos que preceden a la Navidad. Es el tiempo de tomar conciencia del tiempo que viene. Desde el inicio de la historia del Cristianismo, la Pascua es la fiesta central del año. Es la resurrección de Cristo y la fe en ella las que fundamentan el Cristianismo. Los siglos que siguieron al comienzo del Cristianismo, se instauró la Cuaresma como un período privilegiado de preparación a este misterio, al mismo tiempo que era el tiempo de preparación bautismal y de arrepentimiento para quienes habían faltado a su compromiso . En el siglo IVº empezó la celebración del nacimiento de Jesús y la Navidad. No es una fiesta secundaria en la historia del Cristianismo, ya que se enmarca en el sentido de la Encarnación redentora. Fue más tarde aún cuando comenzó el período del Adviento, análogo al de la Cuaresma.

A LA LUZ DE LA NAVIDAD

Sin embargo la preparación de la Navidad mediante el Adviento no se hace de la misma forma que la Cuaresma. No hay una devoción particular, sino más bien una invitación a estar atento, vigilante, despierto a través de los cuatro domingos que preceden a la Navidad. Es el tiempo de tomar conciencia del tiempo que viene. El último domingo antes de Navidad es un recuerdo de los sucesos que anunciaron la venida de Jesús. Los otros tres se consagran a una apertura acerca del futuro del mundo. El símbolo principal del Adviento es la luz, algo comprensible en esta época del año. La luz no solamente ahuyenta la oscuridad sino que es también la representación de la esperanza y de la lucha contra el mal. Es el período del año en que hay menos luz en el hemisferio en el que se desarrolló el Cristianismo en los 15 primeros siglos. La lluvia, el frío, el viento y las noches más largas crean un ambiente general que repercute en la vida y en el pensamiento. Un rayo de luz en estos días crea optimismo. En contraposición, se toma conciencia del peso de los problemas que hay en el mundo. Por eso la Iglesia y la liturgia nos llaman a la esperanza: la vuelta de Cristo. Hay una palabra mágica que puede reemplazar a la luz del sol, es la Navidad. La TV, la radio, los escaparates y la publicidad se ponen al unísono para esta fiesta, aunque no expresen su sentido verdadero: la venida de Jesús en Belén. Navidad celebra al mismo tiempo el cumplimiento de las antiguas profecías de la historia de Israel respecto a la venida del Mesías, así como el anuncio de se segundo venida. De esta forma la Navidad es la overtura de la historia. Los fieles renuevan su deseo ardiente de la segunda venida del Salvador.

Celebración en torno a la Corona de Adviento

Cada domingo, antes o después de la Santa Misa, se reúne la familia sola o con algunos amigos, en torno de la corona.

Antes de comenzar se designa quienes participarán como guía, lectores o encendiendo las velas.

La celebración se inicia haciendo una breve oración al Espíritu Santo pidiendo su presencia y su ayuda.Se encienden las velas de acuerdo al domingo que corresponda y se da lectura a las Sagradas Escrituras ( se puede leer algún fragmento de las profecías de Isaías o el Evangelio de dicho Domingo).

Después de guardar silencio por uno o dos minutos cada uno de los participantes podrá aportar sus comentarios.A continuación el guía hace una invitación a hacer un propósito personal a los asistentes. Cuando los niños son pequeños, conviene que el propósito sea muy sencillo y sea familiar. Cuando los niños son más grandes, es conveniente respetar su intimidad y no obligarlos a decir su propósito si no quieren. Los propósitos no deben de ser ideales inalcanzables, sino las pequeñas cosas que por prisa o flojera o hacemos, aunque sabemos que nos ayudarían a vivir mejor. Toda la familia se beneficia cuando sus miembros se deciden a ser más puntuales , más generosos, mas ordenados. Esto se traducir en acciones que el niño puede comprender fácilmente (por ejemplo el orden como "no dejar las cosas tiradas").

El cuarto domingo se prende la vela blanca y se reflexiona sobre si se cumplieron los propósitos o no y por qué.Para finalizar, algún miembro de la familia hace una pequeña oración .Después aprovechando que la familia está reunida, se puede cantar villancicos, platicar o jugar.

Glossary 2.7 uses technologies including PHP and SQL
  • Roma
  • Maria Vision
  • ISB
  • No al aborto
  • Sin drogas
  • Protegeles

Online

Tenemos 240 invitados conectado(s)