Apología de la Doctrina Católica

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Termino Definicion
Cruz

LA CRUZ DE CRISTO EN EL PECHO La cruz de Jesucristo Jesús murió crucificado, y su cruz, juntamente con su sufrimiento, su sangre y su muerte, fueron el instrumento de salvación para todos nosotros. La cruz no es una vergüenza, sino un sí­mbolo de gloria, primero para Cristo, y luego para los cristianos. 1. El escándalo de la Cruz "Nosotros predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judí­os y locura para los paganos" (1Cor. 1, 23). Con estas palabras, el apóstol Pablo expresa el rechazo espontáneo de todo hombre frente a la cruz. En verdad uno se pregunta: "¿Cómo podí­a venir la salvación al mundo por una crucifixión? ¿Cómo puede salvarnos aquel suplicio reservado a los esclavos? ¿Cómo podrí­a venir la redención por un cadáver, por un condenado colgado en el patí­bulo, por una muerte tan cruel como la de un malhechor?... ( Deut. 21, 22; Gal. 3,1). Cuando Jesús anunciaba su muerte trágica en la cruz a sus discí­pulos, ellos se horrorizaban y se escandalizaban. No podí­an tolerar el anuncio de su sufrimiento y de su muerte en la cruz (Mt. 16, 21; Mt. 17, 22). Así­, la ví­spera de su pasión, Jesús les dijo que todos se escandalizarí­an a causa de El. (Mt. 26, 31). Y en verdad, a raí­z de una condena injusta, Jesús fue crucificado y murió en forma escandalosa. 2. El misterio de la Cruz Jesús nunca dulcificó el escándalo de la cruz, pero sí­ nos mostró que su crucifixión ocultaba un profundo misterio de vida nueva. El camino de la salvación pasó por la obediencia de Jesús a la voluntad de su Padre: "Jesús fue obediente hasta la muerte y muerte de cruz" (Fil. 2, 8). Pero esta muerte fue "una muerte al pecado". A través de la debilidad de Jesús crucificado se manifestó la fuerza de Dios (1Cor. 1, 25). Si Jesús fue colgado del árbol como un maldito, era para rescatarnos de la maldición del pecado (Gál. 3, 13). Su cadáver expuesto sobre la cruz permitió a Dios "condenar la ley del pecado en la carne" (Rom. 8, 3). Además, "por la sangre de la cruz" Dios ha reconciliado a todos los hombres (Col. 1, 20), y ha suprimido las antiguas divisiones ente los pueblos causadas por el pecado (Ef. 2, 14-18). En efecto Cristo murió "por todos" (1Tes. 5, 10) cuando nosotros aún éramos pecadores (Rom. 5, 6), dándonos así­ la prueba suprema de amor. (Jn. 15, 13 y 1Jn. 4, 10). Muriendo "por nuestros pecados" (1 Cor. 15,3 y 1 Ped. 3,18), nos reconcilió con Dios por su muerte (Rom. 5, 10), de modo que podemos ya recibir la herencia prometida (Heb. 9, 15). 3. La cruz, elevación a la gloria La cruz se ha convertido en un verdadero triunfo por la Resurrección de Cristo. Solamente después de Pentecostés, los discí­pulos, iluminados por el Espíritu Santo, quedaron maravillados por la gloria de Cristo resucitado y luego ellos proclamaron por todo el mundo el triunfo y gloria de la cruz. La cruz de Cristo, su muerte y resurrección han destruido para siempre el pecado y la muerte. El apóstol Pablo nos canta en un himno triunfal: "La muerte ha sido destruida en esta victoria. Muerte ¿dónde está ahora tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado. Pero, gracias sean dadas a Dios, que nos da la Victoria por Cristo Jesús Nuestro Señor" (1 Cor. 15, 55-57) Escribe también el apóstol San Juan: "Así­ como Moisés levantó la serpiente de bronce en el desierto (signo de salvación en el Antiguo Testamento), así­ también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todo aquel que crea, tenga por El vida eterna" (Jn. 3, 14-32). Y dijo Jesús: "Cuando Yo haya sido levantado de la tierra, atraeréa todos a mí­" (Jn. 12, 32). La suerte de Cristo crucificado y resucitado será, entonces, la suerte de los verdaderos discí­pulos del Maestro. 4. La cruz de Cristo y nosotros En aquel tiempo Jesús dijo: "Si alguien quiere venir en pos de mí­, niéguese a sí­ mismo, cargue con su cruz y sí­game" (Mt. 16, 24). Eso quiere decir que el verdadero discí­pulo no sólo debe morir a sí­ mismo, sino que la cruz que lleva es signo de que muere al mundo y a todas sus vanidades (Mt. 10, 33-39). Además el discí­pulo debe aceptar la condición de perseguido, perdonando, incluso, al que quizá le quite la vida (Mt. 23, 34). Así­ para el cristiano llevar su cruz y seguir a Jesús es signo de su gloria anticipada: "El que quiere servirme, que me siga, y donde Yo esté, allá estará el que me sirve. Si alguien me sirve, mi Padre le dará honor" (Jn. 12,26). 5. El cristiano lleva una vida de crucificado La cruz de Cristo, según el apóstol Pablo, viene a ser el corazón del cristiano. Por su fe en el Crucificado, el cristiano ha sido crucificado con Cristo en el bautismo, y además ha muerto a la ley del Antiguo Testamento para vivir para Dios. "Por mi parte, siguiendo la ley, lleguéa ser muerto para la ley a fin de vivir para Dios. Estoy crucificado con Cristo, y ahora no vivo yo, sino que Cristo vive en mí­" (Gál. 2,19-20). Así­ el cristiano pone su confianza en la sola fuerza de Cristo, pues de lo contrario se mostrarí­a "enemigo de la cruz". "Porque muchos viven como enemigos de la cruz de Cristo" (Fil. 3, 18). 6. La Cruz, tí­tulo de gloria del cristiano: En la vida cotidiana del cristiano, "el hombre viejo es crucificado" (Rom. 6, 6) hasta tal punto, que quede plenamente liberado del pecado. El cristiano diariamente asumirá la sabidurí­a de la cruz, se convertirá, a ejemplo de Jesús, en humilde y "obediente hasta la muerte y muerte de cruz". No debemos temer llevar una cruz en el pecho ni menos colocar un crucifijo en la cabecera de nuestra pieza. Sí­ debemos temer "la apostasí­a" o la traición a la verdadera religión que serí­a lo mismo que crucificar de nuevo al Hijo de Dios (Heb. 6, 6). El verdadero cristiano con la cruz en la mano debe exclamar: "En cuanto a mí­, quiera Dios que me glorí­e sólo en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí­ y yo para el mundo" (Gál. 6, 14). Consideraciones finales 1. En la cruz de Cristo encontramos como un compendio de la verdadera fe cristiana y por eso el pueblo cristiano con profunda fe ha encontrado miles y miles de formas para expresar su amor a Cristo crucificado. Espontáneamente la religión del pueblo ha reproducido por doquier, en pinturas y esculturas, cruces de distintas formas. El creyente ha colocado cruces sobre los cerros, en el techo de sus casas, etc. el cristiano se persigna para proclamar su fe en la gloria de Cristo; el discí­pulo fiel se coloca la cruz en el pecho para anunciar la fe que lleva en el corazón... 2. Estas expresiones populares no son de ninguna manera idolatrí­a como pretenden algunos hermanos evangélicos. Es realmente una auténtica expresión de fe y de amor a Cristo que murió por nosotros. ¡Qué hermoso cuando uno entra en una familia cristiana y ve cómo la cruz de Cristo tiene un lugar privilegiado en el hogar! ¡Qué profunda fe se expresa cuando un cristiano hace, con sentimientos de reverencia, la señal de la cruz! Es muy fácil y barato burlarse de estas expresiones populares de fe. Pero tales ironí­as son faltas graves al respeto y al amor al prójimo, tales burlas son simplemente signos de una atrevida ignorancia. 3. Y ¿qué decir de la cruz en el pecho? Si alguien -sacerdote, religiosa o laico- lleva una cruz en el pecho con fe y amor, con sentimientos de reverencia, nadie tiene el derecho de reí­rse de esta persona. ¿Quién eres tú para juzgar y criticar los auténticos sentimientos religiosos del pueblo? Sólo Dios sabe escudriñar lo más í­ntimo de nuestros corazones. 4. Por último, una palabra acerca del crucifijo. Cuando sobre la cruz se coloca la imagen de Cristo, llamamos al conjunto "crucifijo". No se adora el madero, sino que el cristiano ve a Cristo muerto en ella. Tener un crucifijo no es ninguna idolatrí­a. Es un signo de amor a Cristo. Nunca la Iglesia ha enseñado a adorar cruces, sino a adorar a Cristo que en ella murió. Sí­, la Iglesia nos invita a venerar estos signos de fe. También nos enseña la Iglesia que nadie debe llevar una cruz en el pecho si no tiene al menos la intención sincera de seguir las huellas de Jesucristo. Menos debemos llevar una cruz como un simple amuleto o como un adorno para lucirse. El amor al Señor que murió en la cruz hace que frecuentemente se hayan hecho crucifijos de materiales preciosos, pero en nuestros dí­as la Iglesia vuelve a preferir un crucifijo simple y rústico, más realista y expresivo. Queridos hermanos, éstas son las razones por las que nosotros los católicos veneramos y honramos la santa Cruz con sumo respeto. Y cuando nosotros llevamos una cruz en el pecho, siempre debemos acordarnos de las palabras del apóstol San Juan: "En cuanto a mí­, no quiere Dios que me glorí­e sino en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí­ y yo para el mundo". (Gál. 6, 14). "Que nadie, pues, me venga a molestar. Yo, por mi parte, llevo en mi cuerpo las señales de Jesús" (Gál. 6, 17). Cuestionario: ¿Es la cruz para el cristiano signo de vergüenza o de gloria? ¿Qué simbolizaba la serpiente de bronce del desierto? ¿Cuándo se cumplió aquella profecí­a? ¿Podemos llevar la cruz en el pecho? ¿Podemos colocar la cruz en un cerro o en un templo? ¿Qué estamos manifestando con esto? ¿Podemos, entonces, llevar la cruz colgada al cuello? ¿Podemos hacer la señal de la cruz?

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