Apología de la Doctrina Católica

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Termino Definicion
Sexualidad

2332 La sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma. Concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y, de manera más general, a la aptitud para establecer vínculos de comunión con otro.

2333 Corresponde a cada uno, hombre y mujer, reconocer y aceptar su identidad sexual. La diferencia y la complementariedad físicas, morales y espirituales, están orientadas a los bienes del matrimonio y al desarrollo de la vida familiar. La armonía de la pareja humana y de la sociedad depende en parte de la manera en que son vividas entre los sexos la complementariedad, la necesidad y el apoyo mutuos.

2334 «Creando al hombre “varón y mujer”, Dios da la dignidad personal de igual modo al hombre y a la mujer» (FC 22; cf GS 49, 2). “El hombre es una persona, y esto se aplica en la misma medida al hombre y a la mujer, porque los dos fueron creados a imagen y semejanza de un Dios personal” (MD 6).

2335 Cada uno de los dos sexos es, con una dignidad igual, aunque de manera distinta, imagen del poder y de la ternura de Dios. La unión del hombre y de la mujer en el matrimonio es una manera de imitar en la carne la generosidad y la fecundidad del Creador: “El hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne” (Gn 2, 24). De esta unión proceden todas las generaciones humanas (cf Gn 4, 1-2.25-26; 5, 1).

2336 Jesús vino a restaurar la creación en la pureza de sus orígenes. En el Sermón de la Montaña interpreta de manera rigurosa el plan de Dios: «Habéis oído que se dijo: “no cometerás adulterio”. Pues yo os digo: “Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón”» (Mt 5, 27-28). El hombre no debe separar lo que Dios ha unido (cf Mt 19, 6).

La Tradición de la Iglesia ha entendido el sexto mandamiento como referido a la globalidad de la sexualidad humana. CEC

La tendencia sexual de la persona

Toda persona es por naturaleza un ser sexuado, y ello determina en el hombre y en la mujer una orientación peculiar de todo su ser psíquico y somático. ¿Hacia dónde se dirige esta orientación?

1.-Hacia el otro sexo. Otra cosa sería la perversión del homosexualismo. Un análisis cuidadoso de la estructura psico-fisiológica del hombre y de la mujer nos lleva al convencimiento de que uno y otra se corresponden mutuamente de un modo perfecto y evidente. Por eso ha de decirse -dejáos de tópicos retroprogresistas- que quienes afirman que la homosexualidad es tan natural como la heterosexualidad, sin duda alguna -y ellos lo saben-, mienten.

2.-Hacia «una persona» del otro sexo. Las peculiaridades sexuales, tanto anímicas como corporales, no existen en abstracto, sino en una persona concreta. La tendencia sexual, por tanto, se dirige a una persona concreta del sexo contrario. Si así no fuera, y se dirigiera crónicamente sólo hacia el otro sexo, sin más, ello indicaría una sexualidad inmadura, más aún, desviada. Por eso Gregorio Marañón considera a Don Juan un hombre tremendamente inmaduro, capaz de enamorarse de cualquier mujer.

Pues bien, si os fijáis bien, podréis observar en lo dicho que la inclinación sexual humana tiende naturalmente a transformarse en amor interpersonal. Y aquí apreciamos un fenómeno típicamente humano, pues el mundo animal se rige sólo por el instinto sexual; no conoce el amor. Los animales están sujetos al instinto, es decir, en ellos el impulso sexual determina ciertos comportamientos instintivos, regidos sólo por la naturaleza.

Los hombres, en cambio, por su misma naturaleza, tienen el instinto sujeto a la voluntad. Quizá el instinto actúa en el nacimiento del amor, pero éste no se afirma decididamente si no interviene libre y reiteradamente la voluntad de la persona. Habremos, pues de afirmar, en este sentido -con el permiso de los autores de novelas rosa y de culebrones televisivos-, que el ser humano no puede enamorarse sin querer, inevitablemente, contra su propia voluntad. Es la persona humana la que voluntariamente sella el proceso del enamoramiento, pues éste, aunque quizá iniciado por el instinto, no puede cristalizarse establemente sin una sucesión de actos libres, por los que una persona va afirmando la elección amorosa de otra persona.

Sexualidad humana: amor y transmisión de vida

Puede darse amor entre dos personas, sin atracción sexual mutua. Y puede darse atracción sexual, sin que haya amor. Pues bien, sólo la sexualidad realmente amorosa es digna de la persona humana; es decir, sólo es noble y digna aquella sexualidad en la que firme y establemente una persona elige a otra con voluntad libre y enamorada. Y esto es lo propio del amor conyugal, por el cual un hombre y una mujer deciden mutuamente amarse.

Por otra parte, recordemos que hay en el hombre dos tendencias fundamentales: el instinto de conservación y la inclinación sexual.

-El instinto de conservación, buscando alimentos, evitando peligros, etc., procura conservar el ser humano, y es así, en el mejor sentido del término, una tendencia egocéntrica.

-La tendencia sexual, por el contrario, procura comunicar el ser humano, en primer lugar hacia el cónyuge, y en seguida hacia el hijo posible; y es, pues, así una tendencia en sí misma alterocéntrica.

Por eso una interpretación meramente libidinosa de la sexualidad, asociada históricamente a la anticoncepción, que disocia radicalmente amor y posible transmisión de vida, pervierte la tendencia sexual, dándole aquella significación puramente egocéntrica, propia del instinto de conservación. Es el amor verdaderamente conyugal, abierto a la vida nueva, el que da al amor sexual su grandiosa significación objetiva. Es el amor que transforma a los esposos en padres, en padres de unos hijos que son a un tiempo confirmación y prolongación de su propio amor conyugal.

Religiosidad del amor sexual

Si no estáis ciegos, es decir, si reconocéis que todo ser del mundo visible es un ser contingente, que no tiene en sí mismo la razón de su existencia, sino que necesita continuamente ser sostenido en ella por Otro, tendréis que concluir que Dios crea continuamente, manteniendo cada día en la existencia las criaturas que él ha creado.

Y demos otros paso más, acercándonos al misterio de la criatura humana. El nacimiento en el mundo de un nuevo ser humano constituye algo absolutamente nuevo, que no sería posible sin la intervención personal de Dios. Ese nuevo espíritu del hombre nacido no puede proceder meramente de la unión sexual física entre el hombre y la mujer. Es Dios quien crea directamente el alma humana, espiritual e inmortal, y es Él quien la une sustancialmente al cuerpo embrional en el momento mismo de su concepción en el seno materno.

Esta inefable religiosidad, esta misteriosa sacralidad del acto sexual ha sido intuida desde siempre, aunque oscuramente, en todos los pueblos y culturas, y es conocida aún más claramente -como lo veremos más adelante- a la luz de la Revelación cristiana.

El matrimonio en Cristo, José María Iraburu

LAS ABERRACIONES SEXUALES CONDUCEN AL INFIERNO. "Los pecados de la carne son los que más almas llevan al infierno. Vendrán ciertas modas que ofenderán mucho a Dios..." predijo la Virgen a los pastorcillos de Fátima en 1917. Hoy, ochenta años después, el resultado es de acierto absoluto. Con la explosión de la pornografí­a impresa, en el cine, la televisión, y últimamente en internet, las "modas" mencionadas anteriormente se han convertido en una plaga. Si a alguien le interesa conocer de antemano el destino reservado a toda esta clase de pecadores, le invito a recordar lo sucedido en 1917, en una pequeña aldea de Portugal: En Fátima, la Santí­sima Virgen Marí­a le dijo a los tres niños videntes que muchas almas van al infierno porque no tienen a nadie que rece o haga sacrificios por ellas. En sus Memorias, la Hermana Lucí­a describe la visión del infierno que Nuestra Señora les mostró a los niños en Fátima: "Ella abrió Sus manos una vez más, como lo habí­a hecho los dos meses anteriores. Los rayos [de luz] parecí­an penetrar la tierra y vimos, por decirlo así­, un vasto mar de fuego. Sumergidos en este fuego estaban los demonios y las almas como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas con forma humana. Llevados por las llamas que de ellos mismos salí­an, juntamente con horribles nubes de humo, flotaban en aquel fuego y caí­an para todos los lados igual que las pavesas en los grandes incendios sin peso y sin equilibrio, entre gritos de dolor y desesperación que horrorizaban y hací­an estremecer de espanto. (debió haber sido este espectáculo lo que me hizo gritar, como dice la gente que así­ me escuchó). Los demonios se distinguí­an por formas horribles y repugnantes de animales espantosos y desconocidos pero transparentes igual que carbones encendidos. Esa visión duró sólo un momento, gracias a nuestra bondadosa Madre Celestial, Quien en la primera aparición habí­a prometido llevarnos al Cielo. Sin esto, creo que hubiéramos muerto de terror y miedo."Desde hace unas décadas, coincidiendo con la explosión de la pornografí­a en revistas, en ví­deo y ahora en internet, se ha producido una súbita degeneración de las prácticas sexuales. Las gentes que van de progres y liberales por la vida, incluyendo dirigentes de varios partidos polí­ticos, afirman que todas estas prácticas depravadas, que antes solo eran conocidas y practicadas por una pequeña porción de la sociedad más privilegiada, suponen en si un progreso y algo positivo y deseable. Nada más alejado de la realidad.Como mucha gente tiende a identificar la amabilidad con la permisividad, hablaré de forma explí­cita. La gran pregunta es: supone realmente un avance para la humanidad el sexo aberrante? ¿Tiene algo bueno que aportar a las relaciones humanas el sexo oral, anal, zoofí­lico, coprofágico o cualquiera otra de las infinitas modalidades que tanto proliferan actualmente? ¿Realmente supone esto un progreso, o no es más que un avance, uno más, en la degradación moral, personal y fí­sica de las parejas? Y, como casi siempre sucede, la mujer suele llevar la peor parte. Basta con abrir alguna de estas publicaciones tan "progresistas" para comprobar como "avanza" la "liberación" femenina en el terreno sexual. El propio término de "mujer liberada", que tanto significó en la década de los sesenta, no es ahora más que un sinónimo patético de la prostitución más repugnante.

Glossary 2.7 uses technologies including PHP and SQL
  • Roma
  • Maria Vision
  • ISB
  • No al aborto
  • Sin drogas
  • Protegeles

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